La educación que viene
He acabado de leer el artículo "Aprender Juntos a Vivir y Explorar la Complejidad. Nuevos Marcos Pedagógicos de Interpretación y Acción" escrito por Ángel Pérez Gomez y Encarnación Soto Gomez. En él se analizan las dificultades que se presentaron a nivel mundial durante la pandemia y como la educación y la sociedad en general, resentidas desde la aparición del capitalismo, han de aprovechar esta trágica oportunidad para implantar un nuevo modelo educativo, una nueva forma pedagógica que sea capaz de transformar la sociedad desde su misma base, desde la escuela y conseguir así superar de una vez por todas toda una serie de malas prácticas culturales, sociales y educativas, así como su nefasta relación con la naturaleza y el resto de seres humanos.
En un mundo tan complejo y cambiante, el cambio de paradigma debe fundamentarse, no solo en la aceptación de la fragilidad del ser humano, en asumir nuestra vulnerabilidad como condición intrínsecamente humana, si no que también se debe actuar, arriesgar, disfrutar y vivir la vulnerabilidad de la vida como una fuente de aprendizaje. Para los autores, esta exposición a la vulnerabilidad debe tratarse en las aulas porque solo así los alumnos llegarán a ser conscientes del mundo que les rodea. Los docentes tienen que ser capaces de transmitir este conocimiento para que los alumnos, de forma autónoma y en cooperación unos con otros, desarrollen capacidades resilientes y creativas para con el mundo exterior, que sean capaces de ejercer un pensamiento crítico y reflexivo basado en la experiencia y las emociones y no tanto en la memorización de conceptos e información, algo tan típico de la escuela tradicional.
La pandemia supuso un reto para los equipos docentes ya que tuvieron que enfrentarse a un nuevo escenario: las aulas virtuales. La complejidad a la que tuvieron que hacer frente es vista por los autores como una oportunidad educativa para implantar lo que ellos llaman "la enseñanza híbrida" esto es, una pedagogía que mezcle lo presencial con lo virtual, que sea capaz de disminuir la barrera entre la escuela y el hogar, una forma de enseñar que involucre a las familias en el proceso educativo y que proporcione a los alumnos un aprendizaje personalizado y en cooperación con el resto de alumnos, en definitiva una educación que reduzca las distancias en su sentido más amplio gracias a las nuevas herramientas tecnológicas.
Bajo mi punto de vista, y a modo de conclusión, me gustaría señalar la importancia de algunas sugerencias que plantean los autores en esta educación que viene, como la gestión y el aprendizaje de las emociones en las aulas, una mejor relación con el medio ambiente y el uso de la tecnología con fines educativos, pero en ocasiones caen en una suerte de activismo ideológico, como su crítica feroz a un capitalismo que, paradójicamente, les provee de las herramientas tecnológicas que desean para su enseñanza híbrida. Del mismo modo, el artículo cae frecuentemente en el pesimismo de valoraciones personales y moralistas sobre lo que está bien y lo que está mal, obviando el carácter crítico y reflexivo de nosotros, los lectores y futuros docentes con algo de experiencia, que vemos y entendemos los pormenores de la realidad educativa, pero que también somos capaces de apreciar los valores que se han transmitido gracias a la escuela tradicional.
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